Existe en el mercado una gama de préstamo al consumo denominados préstamos rápidos cuya principal característica es la rapidez en la concesión. Se trata de préstamos al consumo con elevada publicidad en medios de comunicación con eslóganes del tipo: “llame y en menos de 5 minutos sabrá si le concedemos el préstamo”.
Como hemos dicho, la principal característica de los préstamos rápidos es la rapidez en la contestación pero tienen otra característica tanto o más importante y es que generalmente el tipo de interés aplicado es muy superior al que ofrecen los bancos y cajas tradicionales.
Los préstamos rápidos intentan satisfacer las necesidades de liquidez más inmediatas y menos reflexivas, de forma que parte de su público intenta satisfacer una necesidad puntual y en ocasiones caprichosa mediante la concesión de crédito de forma rápida.
Este tipo de actuación es completamente contraria a la que debería tener a la hora de endeudarse, ya que lo más adecuado antes de solicitar un préstamo es comprobar nuestra capacidad de pago y la necesidad de la compra a realizar, es decir, comprobar que no se trate de un capricho o una compra superflua y además que dicha compra la podemos asumir con nuestros ingresos.
Nuestra recomendación es siempre la misma a la hora de pensar en endeudarnos: no ver únicamente el escaso importe de la cuota mensual, es decir, no pensar en “por tan solo XX eurosal mes puedo tener esto que siempre he querido o que me ha gustado” sino pensar en términos de: “¿Es necesaria realmente esta compra o es una antojo innecesario o inútil” y además preguntarnos: “además de la hipoteca y de los demás préstamos que tenemos actualmente ¿Podría pagar esta cuota?” Y en caso de poder pagarlo y dar importancia al bien habría que preguntarse: “¿El coste que me supone esta compra se compensa con los beneficios que me reporta o debo destinar mi capacidad de pago a la compra de otros bienes?
Cualquier facilidad financiera, cualquier préstamo o crédito es eso, una facilidad para adquirir un bien hoy y pagarlo a lo largo de un tiempo pero lo que verdaderamente adquirimos es el bien y por tanto tenemos que valorar detenidamente la conveniencia y utilidad de dicho bien.
En otro orden de cosas, los préstamos rápidos normalmente no son baratos y, en ocasiones, pensamos que son la solución idónea a nuestros problemas financieros. Incluso algunos de ellos se publicitan como la solución a problemas de RAI, ASNEF o MOROSIDAD.
Habría que preguntarse ¿Puedo pagar las cuotas del préstamo rápido? Si es así suponemos que tendremos cierta capacidad de pago y, en ese caso, nuestra recomendación es doble: o bien vamos a nuestra entidad financiera para ver si nos dan financiación (que es la forma más idónea de resolver el problema) o bien intentamos pactar con nuestro acreedor una forma de pago aplazado siempre que exista por su parte un compromiso de no demandarnos judicialmente.
Desde nuestro punto de vista lo que no tiene sentido es firmar un préstamo rápido que sabemos que no vamos a poder pagar con la única finalidad de “tapar otro agujero” porque a lo único que nos lleva es a pagar gastos para seguir en mala situación.
No obstante, el préstamo rápido es un producto más del abanico que ofrecen las entidades financierasy tiene su público objetivopara el que son una solución aceptable. Nuestra recomendaciónes comprobar la TAE de la operación, compararlo con los productos de la banca tradicional y elegir aquel que mejor se adapte a nuestro caso particular.