La capacidad de pago es la diferencia entre los ingresos y los gastos mensuales de la unidad familiar. Y detrás de esta definición se esconde la posibilidad de la unidad familiar de pagar sus deudas. La capacidad de pago es la renta disponible con que contamos, es decir, la cantidad de dinero que nos queda después de pagar los gastos mensuales recurrentes. Nos indica la cantidad de dinero de la que disponemos mensualmente para nuestra libre disposición.
Por tanto, para realizar estos cálculos debemos aplicar el principio contable de prudencia valorativa, que nos dice que debemos contabilizar los gastos en el momento en que tenemos conocimiento del mismo pero los ingresos debemos contabilizarlos exclusivamente cuando se producen. En otras palabras: los ingresos debemos contabilizarlos únicamente cuando tenemos el dinero en nuestro poder, bien sea en efectivo o en nuestra cuenta bancaria, y los gastos en el momento de conocerlos, no en el momento en que los pagamos. Un ejemplo: supongamos que nos apuntamos a unas clases de inglés y que suponen un gasto mensual de 60 euros. ¿Deberíamos contar con estos gastos ya o deberíamos esperar a ver si nos pasan el recibo por nuestra cuenta? Evidentemente ya podríamos contar con estos gastos porque tarde o temprano deberemos pagar esas clases al profesor.
Por otra parte, debemos ajustar en exceso nuestros ingresos, es decir, rebajarlos a la cantidad mínima que cobraremos de forma mensual mientras que en los gastos debemos calcularlos de forma holgada ya que de esta forma evitaremos sorpresas indeseadas.
Definimos los ingresos mensuales como las cantidades mensuales que ingresa la unidad familiar de forma recurrente (cada mes) y ajustando los importes de forma que obtengamos los ingresos reales. Nos engañaríamos si tomáramos como ingresos habituales los correspondientes a una paga extra, ya que ésta solo se produce dos veces al año. Por tanto, debemos calcular los ingresos mínimos recurrentes.
Si somos trabajadores por cuenta ajena (asalariados) deberemos comprobar las últimas 3-4 nóminas y hacer una media eliminando en su caso los siguientes importes: pagas extras, prorratas de pagas extras, horas extras y dietas.
Si se trata de analizar los ingresos de un autónomo deberíamos calcular los ingresos del año anterior y dividirlos entre 12 meses.
Los gastos mensuales debemos calcularlos también de forma clara pero esta vez debemos calcularlos por exceso, es decir, los ingresos se calculaban siendo prudentes, sin embargo los gastos debemos calcularlos de forma totalmente distinta, es decir, debemos calcularlos de forma que “sobre” dinero. De esta forma, ante un incremento puntual de uno de los gastos nuestra economía no se resentiría.
Debemos clasificar los gastos en dos grandes grupos: los gastos que se producen todos los meses y por el mismo importe (gastos fijos) y aquellos que mes a mes varían de importe o no se producen todos los meses (gastos variables).
Los gastos fijos son aquellos que se producen de forma recurrente cada un determinado periodo de tiempo, por ejemplo: todos los meses, cada dos meses, dos veces al año o bien una vez al año. Tenemos muchos ejemplo de gastos fijos que dependiendo de la recurrencia podemos clasificar: los gastos mensuales (préstamos, colegio, internet, móviles, gimnasio, club social, …), los gastos bimensuales (electricidad, teléfono, gas, …), trimestrales (basura y alcantarillado), anuales (Impuesto de Bienes Inmuebles también llamado “Contribución”, Impuestos de los vehículos, …).
Como estos gastos fijos se pueden pagar cada dos meses o una vez al año, para el cálculo de nuestra renta disponible debemos prorratearlo de forma mensual, es decir, un pago que se realice cada dos meses deberemos computarlo por mitad en el cálculo de los gastos mensuales correspondientes a dicho gasto. De igual forma, un recibo que pasen al cobro de forma anual deberemos dividir su importe entre 12 para poder asignar la parte de dicho gastos que le corresponde a un mes.
Por resumir entendemos por gastos variables aquellos que no se pueden considerar fijos, es decir, aquellos que no tienen un periodo de cobro contante. Ejemplo de gastos variables son por ejemplo: la gasolina, la ropa, los gastos de restaurantes y bares, el cine, los gastos farmacéuticos, los viajes,... Es decir, son todos esos gastos que no tienen una cadencia constante ni unos importes fijos.
Este tipo de gastos debemos ajustarlos lo máximo posible de forma que el cálculo de los gastos y por tanto de la renta disponible sea lo más ajustado posible. Por ejemplo: de nada sirve pensar que nuestros gastos son 10 cuando realmente son 15 ya que estaríamos falseando nuestro estudio. De igual forma no sería realista pensar que nuestros gastos son 25 cuando la realidad es que son 15.
Sobre este tipo de gastos es sobre los que más incidencia podemos hacer de cara a rebajar su importe, en caso de ser necesario. Entre estos gastos se suelen encontrar aquellos que sin ser absolutamente necesarios realizamos de forma más o menos habitual y que, en tiempos de “vacas flacas” debemos reducir, como por ejemplo: ir al cine, ropa, restaurantes y salas de fiesta, viajes, vacaciones, … El grado en el que debemos reducir dichos gastos dependerá de nuestra situación personal, pero lo que es evidente es que son los gastos mas susceptibles de rebaja.
Una vez calculados los ingresos y los gastos de la unidad familiar podremos obtener nuestra capacidad de pago o renta disponible. Se obtiene por diferencia:
capacidad de pago = ingresos – gastos
Pongamos un ejemplo de la forma de obtener nuestra reta disponible o capacidad de pago, imaginemos una familia formada por Juan e Irene con dos hijos en edad escolar y calcularemos sus gastos y sus ingresos mensuales:
Por tanto, la capacidad de pago de la familia del ejemplo sería muy ajustada: 2.400 euros – 2.389 euros = 11 euros mes. Es decir, esta familia tendría capacidad de pago muy, muy ajustada.
La capacidad de pago puede ser positiva, cero o negativa en función de la cantidad de ingresos y gastos de la unidad familiar. Estudiemos cada una de las situaciones y sus consecuencias:
Puede darse el caso de que nuestro estudio de la capacidad de pago demuestre que somos capaces de ahorrar y realmente no ahorramos, es peor, somos deficitarios, es decir, no llegamos a fin de mes. En este caso debemos primero repasar nuestros cálculos por si hubiera algún error o alguna cantidad que no hemos contemplado, en cualquier otro caso el problema es que nos permitimos demasiados “caprichos” los cuales deben ser rebajados.
En el caso del ejemplo anterior la capacidad de pago era positiva. No obstante, ante lo ajustado de su renta disponible deberían empezar a plantearse recortar algún gastos para poder conseguir obtener un ahorro mensual más elevado.
La capacidad de pago cero o renta disponible cero significa que nuestros ingresos son iguales que nuestros gastos. Esta afirmación tiene una conclusión clara: si el estudio se ha realizado correctamente estamos en una situación crítica y ante cualquier imprevisto tendremos problemas de liquidez.
En este caso deberíamos hacer un repaso de los destinos de nuestros ingresos de cara a ver en qué gastos podemos incidir de cara a conseguir una capacidad de pago o renta disponible positiva.
La capacidad de pago negativa o renta disponible negativa se produce cuando gastamos más de lo que ingresamos. Esta frase en si ya es lo suficientemente aclaratoria. Estamos en una situación no deseada.
Debemos poner los medios para pasar a tener capacidad de pago positiva, bien incrementando los ingresos, solución poco probable, o bien disminuyendo nuestros gastos para lo cual debemos aplicar ciertas dotes de ingenio y mucho, mucho, mucho sacrificio ya que no nos quedará más remedio que renunciar a determinados gastos.
Debemos valorar sobre qué gastos mensuales podemos hacer recortes que consideramos reales de forma que podamos llegar al menos a la situación de capacidad de pago cero.